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Cuentos infantiles: Anahata, el niño que se transformó en una flor

El campo de margaritas en donde corría Anahata

Por Luis Eduardo Vivero.

Dedicado a Anahata Beltrán, quien es feliz en su jardín secreto.

Anahata era un niño travieso que gustaba de correr como loco por el campo de margaritas que había en una planicie extensa apenas salía de la puerta de su casa. Anahata solía decir que tenía un patio gigantesco, un verdadero regalo de la naturaleza.

Su mamá lo perseguía para que hiciera sus deberes, pero él siempre lograba escaparse y perderse en el campo de margaritas, en donde no solo se encontraba consigo mismo, sino que con un montón de seres que habitaban el jardín de flores. Entre ellas había una hada llamada Jimena; cierta mañana en la que Anahata estaba descansando de espalda sobre la hierba, con la mirada perdida en el azul eterno, se le acercó la hada Jimena y le preguntó lo siguiente:

Querido Anahata,

dime cuál es el deseo de tu corazón

que en un dos por tres lo cumpliré.

Querido Anahata,

Piénsalo bien porque no se puede deshacer,

lo que pidas se cumplirá

en un dos por tres.

El pequeño Anahata no lo pensó mucho porque desde hacía mucho tiempo sabía lo que quería ser, por lo cual respondió:

Querida hada Jimena

quiero ser una margarita

para bailar con el sol de la mañana

y esconderme apenas salga la luna

para ser amigo de una araña

para estar al lado de la aceituna.

El hada lo miró a los ojos, extrañada por tal solicitud, y le preguntó nuevamente: Anahata, ¿estás realmente seguro de emprender esta aventura? Recuerda que no se puede deshacer, no lo decidas con premura.

El niño la miró a los ojos con una paz enorme, y mientras el amarillo se reflejaba en sus pupilas, asintió con la cabeza.

A la hada Jimena no le quedó más que concederle el deseo, entonces dijo las palabras mágicas:

Aladín aladao, cabeza de pescado

firulín firulito, cabeza de chorlito

por los poderes que tiene esta hadita

¡ahora serás una margarita!

Entonces Anahata ya no fue más un niño y se convirtió en una margarita, en la flor más espléndida que jamás había existido. Bailaba con el viento y seguía al sol como si fuera su mejor amigo. De vez en cuando escuchaba el eco de la voz de su mamá buscándolo, y él brillaba más para que ella se contentara con la belleza del campo florido.

Hasta que cierta mañana llegó el califa del reino con un montón de trabajadores, a recolectar sacos de flores para hacer los mejores perfumes. Entonces la flor que alguna vez había sido niño fue cortada y transportada en un saco a una fábrica de perfumes orientales. Ahí les quitaron los pétalos, el tallo, etc., y finalmente pusieron los pétalos en unos jarrones pintados, a los cuales les agregaron esencias provenientes de todos los confines del mundo.

La mamá quedó desolada al ver que el campo de margaritas ya no era el mismo de antes, y casi intuyéndolo, decidió continuar sus días, los cuales fueron opacos por mucho tiempo.

Los pétalos de margaritas cumplieron el período de tiempo requerido en los jarrones, entonces fueron vertidos en botellas, adornadas con pinturas de praderas coloridas, como en la que había vivido Anahata cuando había sido un niño.

Tres botellas llegaron a manos del emir, quien quedó encantado con el aroma, el cual le producía una felicidad increíble cada vez que olía de la botella. Entonces decidió regalarle dos al jeque más viejo del reino; al oler la fragancia, se transportó automáticamente a un campo maravilloso, en donde pudo oler las flores, sentir la brisa del viento y rozar con su mano la hierba silvestre. Fue algo excepcional, porque a su edad ya no podía caminar.

Fue así como el jeque decidió enviarle una botella al sultán. Cuando el sultán recibió la botella se la regaló a su esposa, porque quería alegrarle el día. Ella se puso una gota en la mano, entonces supo que la fragancia era única en el mundo. Se le vinieron a la mente los recuerdos de su infancia, cuando corría junto a un niñito en un campo de margaritas. Entonces le preguntó a su esposo si podía conseguir más. El sultán pidió conseguir todas las botellas existentes en el reino, las cuales no tardaron en llegar, llenando pasillos y bodegas completas.

La esposa, quien era una sabia, ordenó poner la fragancia en botellitas y que fueran regaladas a todos los habitantes del reino, con un papelito que decía lo siguiente:

Lo que está en el suelo

también está en el aire

es por eso que te respiro

y te llevo en mi corazón.

Porque tu amor es tan grande

como la llanura de mi niñez

tan colorido

como un campo de flores

tan fragante

como la brisa de la mañana

que me recuerda

que todo el amor del mundo

cabe en una sola margarita.

Y fue así como la mamá del pequeño Anahata recibió una botellita con la fragancia especial; apenas la abrió el aroma inundó su casa y hasta pudo escuchar a su hijo jugar por la pradera. Su rostro se llenó de lágrimas de emoción y supo que el amor de su hijo siempre estaría con ella, en las margaritas de la pradera.

 

Escritor de literatura infantil y de cuentos para niños grandes. Emprendedor, meditador e Ingeniero electrónico. Viajero cósmico y enamorado de la vida.
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Cuentos infantiles: Fue el gato

Por Luis Eduardo Vivero.

Dedicado a mi tía Susana Peña Donoso.

El bebé intentó escalar el corral en repetidas ocasiones, hasta que finalmente consiguió liberarse de los barrotes. No le pasó nada debido a que cayó sobre el gato. Al gato no le pasó mucho porque estaba echado sobre el perro, por lo cual amortiguó el golpe bastante bien. Al perro sí le dolió porque el gato le hundió las uñas debido al susto.

Tan pronto como el perro se paró de la impresión, el bebé salió rodando por el pasillo. Esta vez tampoco le pasó nada debido a que había una alfombra persa. Pero al rodar se le salió el pañal, el cual lamentablemente ensució la alfombra oriental.

Cuando llegó a la cocina, intentó alcanzar el biberón que estaba sobre la mesa, pero no alcanzaba. Entonces el gato se subió de un salto y lo arrojó al suelo de un manotazo. Afortunadamente no le cayó en la cabeza al bebé, pero sí sobre una pata del perro, quien dio un ladrido. Luego, el bebé agarró el biberón, y subiéndose sobre el perro lo metió en el microondas. Le dio golpecitos al azar al teclado del microondas, de forma infructuosa, por lo cual el gato lo ayudó, presionando el botón más grande con una de sus patas.

Lastimosamente el biberón se calentó más de la cuenta y el microondas explotó, causando un gran estruendo. Por fortuna el perro no salió herido esta vez, porque junto al gato y al bebé estaban bebiendo agua del excusado del baño de visitas.

Luego de un par de minutos de que había comenzado a salir humo, llegaron los vecinos, el conserje y los bomberos, quienes apagaron rápidamente el fuego del microondas. Entonces la mamá del bebé se dio cuenta de que estaba pasando algo extraño y salió del baño rápidamente, con solo una toalla en la cabeza. Dio un tremendo grito cuando se vio casi desnuda (salvo por la toalla en la cabeza) ante los vecinos, el conserje y los bomberos, por lo cual se devolvió al baño y se tapó con otra toalla.

Al salir de nuevo vio que su bebé estaba en perfecto estado, y mirando a todos dijo: seguro que fue el gato. Todos la miraron como si estuviera loca, salvo el bebé, el gato y el perro.

Escritor de literatura infantil y de cuentos para niños grandes. Emprendedor, meditador e Ingeniero electrónico. Viajero cósmico y enamorado de la vida.
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Cuentos infantiles: Empapados

Cuento para el Día del Padre

Por Luis Eduardo Vivero, inspirado en una historia real.

Esta es la historia de Miguel Ángel, un hombre sin igual, alto como un árbol, con un bigote pequeño como de gato chico, y con el pelo como los picos más altos de Los Andes. Se caracterizaba por ser una persona muy alegre, que le daba el rostro a las dificultades y que cantando se zafaba de la tristeza.

Miguel Ángel tenía un excelente trabajo en una fábrica, con una gran oficina, un gran escritorio, una calculadora grande en la cual calculaba las grandes ganancias que generaba a través del gran número de personas que estaban a su cargo.

El trabajo le quedaba a unas pocas cuadras de su casa, por lo cual en las mañanas se despedía de Denisse y Eric, sus hijos, como también de Luisa, su esposa. Entonces se iba cantando bajo la sombra de los árboles, alegre, iluminando las calles: «caminando por el bosque un gatito me encontré, como no tenía nombre Micifuz yo le llamé. Ohh, Micifuz, qué peludo eres amigo, con tu cola de ratón y con pelo en el ombligo».

En la tarde cuando iba de vuelta a casa, lo hacía de la misma forma, tranquilo y cantando. Al llegar, saludaba a los chicos, a Luisa y también a Micifuz, un gato de peluche que Miguel Ángel dejaba mirando hacia la ventana, con el fin de que a su regreso le contara todo lo sucedido durante el día. «¿Qué el vecino se peleó con la vecina porque regó sus plantas con agua del baño? ¿Pero cómo el gato del frente se iba a comer al ratón de doña Juanita?», le respondía Miguel Ángel, mientras Denisse y Eric se destornillaban de la risa.

Todo iba genial en la vida de Miguel Ángel y su familia, hasta que cierta mañana se escucharon explosiones y silbidos de balas que iban y venían. En el país en que vivían había comenzado una guerra, y las guerras siempre son malas y traen muchas consecuencias. La primera cosa que le sucedió a Miguel Ángel fue que se quedó sin trabajo, por lo cual esa misma tarde tuvo que irse a casa con lo puesto. Al llegar les leyó un par de cuentos a los chicos, le preguntó a Micifuz qué había sucedido durante el día, y una vez que se fueron a dormir le contó todo a Luisa. Ella se preocupó un montón: «¿pero cómo lo vamos a hacer con la comida? ¡Hay que pagar la escuela de los chicos, también el agua, la luz, el gas y otras cosas!», exclamó ella, muy preocupada. A todo eso Miguel Ángel le dijo: «de alguna forma lo vamos a resolver, no te preocupes».

A la mañana siguiente, luego de despedirse de todos, Miguel Ángel salió de la casa con una maleta de herramientas en una mano, y en la otra una radio. Cualquier persona hubiera estado desanimada y triste, sin embargo él se fue contento. Preguntó en varios lugares si le podían dar trabajo, pero en todas partes le decían que estaban cerrando o que no habían vacantes. Esa mañana anduvo muchas cuadras, cantando alegremente bajo la lluvia: «caminando por el bosque un gatito me encontré, como no tenía nombre Micifuz yo le llamé. Ohh, Micifuz, qué peludo eres amigo, con tu cola de ratón y con pelo en el ombligo».

Divisó una fábrica a lo lejos, lo intentó nuevamente y esta vez lo hicieron pasar. Una persona revisó sus antecedentes y le dijo lo siguiente: «señor, usted tiene estudios, es una persona muy capacitada y elegante. Lo único que le puedo ofrecer es un puesto de barrendero y operario. ¿Está seguro que no le importará que sus vecinos sepan que está trabajando de eso? ¿No le dará vergüenza?». Miguel Ángel lo miró con ternura y le respondió: «tengo dos hijos en casa que me esperan; mientras sea un trabajo honrado estaré encantado de hacerlo». Dicho y hecho, a partir de ese mismo día se puso a barrer largos pasillos, a limpiar pisos y muchas otras cosas.

Pese a la guerra, en casa todo iba muy bien y a los chicos nunca les faltó nada; tuvieron comida de buena calidad, útiles para la escuela, ¡incluso juguetes! Y sobre todo mucho amor.

Cierta mañana a Miguel Ángel lo mandaron a construir un horno para hacer pan; cuidadosamente puso ladrillo sobre ladrillo, hasta que terminó el trabajo, el cual hizo con mucha dedicación y de la mejor forma que podría haberlo hecho. Esa vez terminó con las manos con callos y heridas, debido a que no estaba acostumbrado a hacer ese tipo de trabajo. Sin embargo en vez de deprimirse, volvió cantando a casa muy animado. Esa vez les hizo una televisión a los chicos, pero no cualquiera, sino una increíble que armó con una caja de madera, para luego contar cuentos con títeres dentro de ella. ¡Eric y Denisse lo pasaron genial!

Afortunadamente con el tiempo la guerra terminó y todo fue mejorando. Incluso Miguel Ángel consiguió un trabajo mejor y las cosas fueron volviendo gradualmente a la normalidad.

Con los años, cuando Denisse y Eric ya eran adultos, se enteraron de que durante el período que duró la guerra tanto su mamá como su papá comieron solamente papas: papas cocidas al desayuno, papas fritas al almuerzo y puré de papas en la noche. Todos los otros alimentos se los dieron a los niños para que se alimentaran bien, estuvieran saludables y se desarrollaran. Aún ahora, luego de muchos años, Denisse y Eric recuerdan a su papá caminando y cantando bajo la lluvia, alegre y de buen ánimo: «caminando por el bosque un gatito me encontré, como no tenía nombre Micifuz yo le llamé. Ohh, Micifuz, qué peludo eres amigo, con tu cola de ratón y con pelo en el ombligo».

 

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Microcuentos: Amor breve

Por Luis Eduardo Vivero.

Embriaguémonos en las llamas de millones de besos, lancémonos al mar desde un precipicio y detengamos el tiempo durante una puesta de sol, antes de que ya no pueda seguir amándote – le dijo una hoja en blanco a un fósforo prendido.

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Microcuentos: Metamorfosis en la biblioteca

Niños en la biblioteca

Nota: con este microcuento gané el primer puesto del Primer Concurso de Microrrelatos Bibliotecuento, organizado por la Casa de la Literatura Peruana, a fines del 2016.


El niño leyó los libros que tenía en su casa, luego los de los primos, amigos, tíos, abuelos y de todo el barrio. Entonces comenzó a ir a la biblioteca, en la cual devoraba colecciones completas.

Gradualmente le fueron creciendo los bigotes, saliendo una cola, e incluso llegó el día en que tuvo que usar anteojos, los cuales sujetaba sobre sus grandes orejas redondeadas. Sentía que se iba achicando conforme avanzaba el tiempo. De todas formas eso era ideal, ya que entre más pequeño se hacía, se le facilitaba subir por los estantes para alcanzar los libros que estaban más arriba. Además se hizo un adicto al queso.

Luego de haber trabajado un montón de años como bibliotecario, el señor Pérez se jubiló y se dedicó a realizar un registro dental de la población infantil, pero eso es harina de otro costal.

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Poemas para la paz – iteración #1

Queremos paz

Por Luis Eduardo Vivero.

Escribo poesía porque tengo fe
en que el eco de un lector
se encuentre con mis palabras
y cuando las lea
se transforme en un colibrí
o tal vez en una mariposa azul
o tal vez en un ballena voladora
y que con sus movimientos de alas
, de aletas y de cola
nos traiga la paz que necesitamos
en todas las franjas de tierra
en todas las selvas
en todas las montañas
y en todos los desiertos.

Porque este mundo es maravilloso
y todos los seres merecen saberlo
no por un rumor, pero de primera mano.
Porque cuando experimentas un amor
grande
– como los ojos de un elefante
profundo
– como una poza en la cual nada un renacuajo
infinito
– aunque sea a ratos
te das cuenta que todo lo demás es fútil
que el desamor se generó
cuando alguien se distrajo y se perdió
y que lo único que se necesita para volver
es que se enfoque
y se encuentre con su propio corazón
que es el corazón de todos
de una libélula
de un rinoceronte que no se quiere extinguir
de una mujer que quiere ser hermosa como un orquídea
de un hombre que quiere ser bueno como el pecho de una madre
de un niño que quiere correr libremente
y de una niña que quiere cantarle a las flores
cuando la abuela las riega.

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Poema infantil: A mi súperheroína

Por Luis Eduardo Vivero.

Feliz día, mamita de mi amor
agradezco tus enseñanzas
desde el corazón.

Qué mejor que tener una mamá
– que de su labor salió invicta
que con su ejemplo te enseñe a amar
– aunque sea estricta
y también a toda costa a perdonar
– porque nada es a media tinta.

Eres un verdadero tesoro en mi vida
como la tetita para el recién nacido
como el chupete para un bebé
como el helado para un niño en un día caluroso
como la ilusión de la primera fiesta para un adolescente
como la fe que produce el primer amor.

Es por eso que tus abrazos sanan el alma
porque en tu pecho encuentro la calma
después de haber navegado por mares
en tus brazos ya no hay pesares.

Feliz día, mamita de mi amor
agradezco tus cuidados
son el brillo de un sol.

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Poema infantil: Preguntas complejas de niños simples

Queremos la paz en el mundo – dibujo de Ana Sofía, Venezuela

Por Luis Eduardo Vivero.

Mamá, ¿por qué papá no ha vuelto?

¿Y qué son esas explosiones?

Dijeron que del trabajo lo habían devuelto.

Hay gente con municiones,

¿cuáles serán sus intenciones?

Preguntaba Bahira en oriente

luego de días,

de noches,

de semanas,

de meses

desde que se escuchó la primera explosión

durante la llegada de los aviones

cuando se agravó la situación

entonces Bahira se preguntó:

¿será que los adultos no cantan canciones?

Papá, ¿por qué mamá está perdida?

¿Y qué son esos silbidos?

Dijeron que de la escuela la habían devuelto.

En la noche escucho chillidos,

lamentos, que para alguien son un tormento.

Preguntaba José en occidente

luego de días,

de noches,

de semanas,

de meses

desde que se tuvo que esconder en la selva

en donde el peligro menor era una serpiente.

Ya vuelvo, hijo, mantente bajo la hierba

mientras consigo comida de forma urgente.

¿Bahira es de José acaso muy diferente?

porque sin paz nadie puede ser indiferente.

Sin importar el color,

ni lo que tengas

ni lo que debas

todos necesitamos amor.

A veces lo sucedido causa dolor

¿cómo podremos recuperar el corazón?

¿Será que los adultos perdieron la razón?

Yo soy solo un niño

que quiere jugar

que mi mamá me haga cariño

y con mi papá bailar.

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Poema infantil: Espérame que ya voy

Poema dedicado a los bebés que vienen en camino y a sus mamás

Por Luis Eduardo Vivero.

— dedicado a mi mamá.

Ya voy, mami, espérame otro poco.
Aquí está tibiecito, como el agua de coco.
Aguanta las patadas que doy en tu panza,
¡quiero salir, la paciencia no me alcanza!

Seré muy feliz porque que me vas a amar
como nunca lo has hecho,
también a abrazar y a cuidar,
y a tu lado tendré un techo.

Jugaremos toda la mañana y entonces verás
que no hay locura más grande que ser mamá.
Porque es un amor sin límites,
sin horario,
sin contrato,
sin vacaciones,
y con muchas satisfacciones.

(La mayor parte de las veces y al largo plazo,
pero eso no lo sabrás sino años después
de haberme tenido en tu regazo)

Entonces yo sabré
cómo es que alguien te cuide,
te proteja y te abrigue,
sin importad la edad,
ni el clima,
ni el sexo,
ni el dinero,
ni la educación.
Porque en esta ecuación
lo más importante es el amor.

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