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Cuentos cortos: Misterio en la clínica

Meditando en la oscuridad

Era de noche y lo único que se escuchaba en el pasillo de la clínica eran las ruedas del carrito que Ingrid empujaba de una habitación a otra. Todo estaba normalmente tranquilo y tétrico, hasta que entró a la habitación 904. Después de esa noche Ingrid nunca olvidaría ese número.

Ingrid era una enfermera proveniente de una familia alemana; era alta y fornida, con una imagen imponente, al menos en cuanto se refería a los vivos…

“La 904 y termino esta ronda”, fue lo que pensó Ingrid al estar frente a la puerta. La abrió suavemente, para no despertar a algún paciente, en caso de haberlo. A tientas entró al baño y prendió la luz para recoger la basura. Fue un segundo en el cual vio que algo estaba mal, que algo no correspondía. Siempre quedó con la sensación de que hubiera querido no ver lo que estaba ahí, algo que parecía un puente entre este y el otro mundo. Pero no fue así y tuvo que lidiar con ello.

Justo al estar entrando al baño alcanzó a ver a una figura humana que estaba sentada con las piernas cruzadas, cerca del suelo. La vista del ser estaba perdida en el infinito hacia arriba. Ingrid abrió los ojos y la boca, estando a punto de exclamar cualquier improperio o algún “Dios mío” o “ave María santísima”. Pero se quedó sin voz y terminó su tarea rápidamente.

Lo que fuera que estaba ahí usaba una capucha, por lo cual no se le veía el rostro, ni los ojos, y estaba completamente inmóvil, casi como flotando en la oscuridad. Ingrid no atinó a hacer nada a la salida, más que abrir los ojos y la boca nuevamente, casi como gritando hacia adentro…

Entonces el encapuchado esbozó una sonrisa, saliendo momentáneamente del trance en el que se encontraba. No fue una sonrisa malévola, sino más bien de diversión por lo ocurrido.

Ese extraño ser era yo, y estaba meditando en la oscuridad antes de dormir. ¡Fue muy divertido desde mi punto de vista!

Escritor de literatura infantil y de cuentos para niños grandes. Emprendedor, meditador e Ingeniero electrónico. Viajero cósmico y enamorado de la vida.
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Cuentos: Primerizo

Ilustración de Papá 2.0, de Diego Limonchy y Gabriela Francisco.

Por Luis Eduardo Vivero.

Era primera vez que el papá se quedaba solo con el bebé. Estaba sudando frío, y pese a que tenía una lista de cosas para realizar y las consideraciones importantes estaban en rojo, se sentía inseguro y un poco asustado. Porque seamos sinceros, ¿a quién no le da miedo tener a una criatura delicada y viviente en sus manos?

A las dos horas le dieron ganas de ir al baño, como suele suceder con muchos hombres, así es que no se le ocurrió mejor idea que conectar la estufa a su celular, de esa forma la habitación se mantendría tibia, el bebé continuaría durmiendo y él tendría tiempo hasta para leer unas páginas del libro en curso.

Obviamente eso funcionaría en la mente de una persona poco experimentada en asuntos bebesísticos; lo que sucedió en realidad fue que a poco de entrar al baño se quedó sin batería, por lo cual no pudo continuar monitoreando ni controlando la temperatura ambiente. El estómago se le retorció más que nunca, pensando en que la habitación podría estar incendiándose, si habría suficiente oxígeno para el bebé, si no se le estaría pasando la hora para darle el biberón, llevando al bebé a la desnutrición y otras cosas por el estilo.

No le quedó alternativa que salir apurado, sin haber terminado de leer el capítulo que se había propuesto, y para peor, sin sentirse aliviado. Abrió la puerta como si un vaquero fuera entrando a un bar del oeste americano. Entonces vio que su bebé estaba totalmente quieto en la cuna y un pánico terrible lo invadió; se acercó lentamente a él, y se dio cuenta que estaba respirando. ¡Qué alivio! Pensó, mientras veía la hora: solo habían pasado diez minutos desde que su pareja le había dejado al bebé para ir a trabajar.

Sobre el velador había una nota que decía: «Cariño, hoy llegaré tarde porque tengo una reunión de negocios al otro lado de la ciudad. No te preocupes, todo saldrá bien. Besos». Apenas terminó de leer la nota, todo se le dio vueltas y el estómago se le retorció de nuevo. En ese mismo instante el bebé se puso a llorar y el papá primerizo agarró el biberón con fuerza entre sus manos, debido al terror que le producía la certeza de que había llegado el momento de cambiarle el pañal.

Escritor de literatura infantil y de cuentos para niños grandes. Emprendedor, meditador e Ingeniero electrónico. Viajero cósmico y enamorado de la vida.
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A contar se aprende contando – el arte de la narración oral

Narratón Déjame que te Cuente Lima - 5

XIII Narratón de Lima – Déjame que te Cuente, 2015

Por Luis Eduardo Vivero.

Esto es válido para contar números, por cierto, pero especialmente para contar historias con una técnica que se llama narración oral. En este artículo cuento la experiencia que estoy teniendo a través del proceso de convertirme en un narrador oral.

En las actividades del Club de Lectura Infantil Preguntines he tenido la oportunidad de interactuar bastante con niños, por lo cual podríamos decir que ya había comenzado de alguna forma a narrar, aunque sin una técnica definida, ni recursos de narración ni de despliegue escénico. Así es que como se imaginarán, por más ganas que tuviera, la presentación no siempre iba a cautivar la atención de los niños, o más allá, entretenerlos y al mismo tiempo entregarles un mensaje.

Trabajar con público infantil es todo un desafío, y también algo muy gratificante para el alma, siempre y cuando disfrutemos de esta labor. Lo fascinante es parte de la complicación, si lo queremos ver de esa forma, ya que si bien es cierto son muy auténticos y están dispuestos a reír a carcajada limpia, también lo están para hacernos saber que algo les aburrió. Y si algo va mal tienes entre treinta segundos a un minuto para recuperar la actividad o darle un giro, porque de otra forma simplemente los perderás y no habrá vuelta atrás, no por lo menos en esa oportunidad.

Contando un cuento en la Biblioteca Infantil de San Miguel, Lima

Contando un cuento en la Biblioteca Infantil de San Miguel, Lima

Algo que me agrada especialmente de los niños es su capacidad para imaginar escenas, personajes y hechos que van más allá de la realidad que podemos percibir con los ojos. Y justamente ahí está la oportunidad para fomentar el desarrollo de la imaginación y creatividad.

El poder de una imagen mental

Al contar un relato podemos influir en los niños de tal forma de que creen una escena con más o menos detalles en su mente. Por ejemplo, en la narración oral del cuento infantil ilustrado La Jirafa Margarita cumple su sueño, digo algo como lo siguiente:

De pronto, Margarita se dio cuenta que el bosque se estaba haciendo menos espeso y que al fondo se veía una luz en lo alto. En ese momento supo que estaba cerca de la playa y se echó a correr como una loca. Cuando dejó los arbustos atrás, sus patas entraron en contacto con la arena de playa, la cual estaba tibia y seca; ese calorcito subió por sus patas y se sintió riquísimo. También inspiró largamente y disfrutó de la frescura de la brisa marina, la cual antes de eso conocía solamente a través de las historias de su abuela.

Si lo anterior se cuenta con gracia, un ritmo y corporalidad adecuada, quien escucha el relato puede imaginar lo que está sucediendo en el cuento. Y como comprenderán, no habrá una misma imagen mental a través de todos los niños, porque se produce una interpretación según los filtros e imaginación que cada asistente aplique.

Narradores naturales y el resto de nosotros

Mi abuelita Elba se había criado en el campo, en la zona central de Chile. Desde que fui pequeño hasta convertirme en un adulto me contaba historias campesinas que ella había aprendido de la tradición oral, y otras que supongo creó en base a los sucesos de su vida y la de su familia directa. Sin duda era una narradora natural y tenía la capacidad de cautivar la atención de quien escuchaba sus historias. Justamente a raíz de eso escribí una serie de relatos llamados Cuentos de luna de la Abuelita Elba, material que espero publicar lo antes posible.

Quienes no tenemos esas habilidades naturales – probablemente la mayoría – tenemos que desarrollar nuestras capacidades a través de talleres, información en línea y sobre todo en la práctica. En relación a lo anterior, tengo la fortuna de haber tomado un taller de narración oral con Manuel Conde, en el Centro Cultural Blasa, ubicado en Lince, Lima.

El taller terminó superando las expectativas que tenía en un comienzo, y me significó un impulso tremendo en el arte de narrar cuentos. Si bien es cierto que todavía tengo un camino por recorrer para desplegar mis habilidades al respecto, ya cuento con una metodología básica para enfrentar el análisis y la puesta en escena de un cuento narrado. De forma adicional, estoy incorporando algunos cambios en la forma de escribir cuentos, de tal manera que el proceso de traducción a la narración oral del mismo sea más fácil. Tal es el caso del cuento La leyenda africana de la hiena y la vaca, el cual escribí para los talleres de la Biblioteca Infantil de la Municipalidad de San Miguel.

Diploma

Mi primer diploma de narración oral

Manuel Conde suele decir que su opinión no tiene valor, aunque por supuesto que lo tiene, sobre todo desde su punto de vista de un narrador oral escénico con diez años de experiencia. Fue genial que nos haya invitado a participar en la XIII Narratón de Lima, organizado por Déjame que te Cuente. Esa fue la primera presentación en público, una oportunidad maravillosa para probar nuestros avances, como también disfrutar de contar un cuento. Porque cada vez que lo hacemos, una parte de nosotros se queda con el público; cada contada es única e irrepetible, ya que al disponer de la capacidad para interactuar con el público, vamos modificando y adaptando la historia a quienes la escuchan.

Cuando un narrador oral ha hecho suyo un cuento y lo cuenta desde el corazón, es capaz de lograr que los asistentes sientan lo que él está sintiendo en ese instante. Para conseguir eso, quien narra tiene que mostrar su interior y dejar una puerta abierta a su alma; justamente por eso dicen que un buen narrador se desnuda ante el público.

¡Felices historias para todos!

Escritor de literatura infantil y de cuentos para niños grandes. Emprendedor, meditador e Ingeniero electrónico. Viajero cósmico y enamorado de la vida.
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Cuentos de una nueva era de luz: campaña de preventa

¡Noticias! Estoy llevando a cabo una campaña de preventa de mi último trabajo: Cuentos de una nueva era de luz.

Estoy muy animado con la idea y poniéndole mucha energía positiva. Los dejo con la sinopsis para que tengan una buena idea de qué se trata:

Sinopsis

Puedes ver más detalles en la página de la campaña de venta. ¡Námaste!

Escritor de literatura infantil y de cuentos para niños grandes. Emprendedor, meditador e Ingeniero electrónico. Viajero cósmico y enamorado de la vida.
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Vipassana – un viaje a las profundidades de la conciencia – disponible en Amazon

PORTADA 4 ¡Noticias! Luego de haber publicado el relato en formato pdf – y haber conseguido ciento cuarenta y ocho descargas hasta comienzos de noviembre – me decidí a poner el texto en Amazon. Así es que a partir desde ahora lo podrán tener en su dispositivo favorito, desde la siguiente dirección:

 Vipassana – un viaje a las profundidades de la conciencia (Spanish Edition)

La portada es del diseñador profesional y artista Ernesto Valdes.

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Flirteo literario

La conocí en una librería. Me acerqué y le dije: “te ves tan gramatical que podría escribir un cuento en tu espalda…”. Al parecer no le gustó mucho, ya que respondió: “ah, eso debe ser poesía del campo, directa y con la gracia de un puerco…”. No me dejé amedrentar y arremetí con pasión: “señorita, se nota que maneja muy bien el lenguaje, pero de todas formas me gustaría pasarle el corrector ortográfico, por si las moscas…”. En seguida espetó: “¡Por Gutenberg, qué atrevimiento es éste! Para que sepa, soy lo más selecto que hay. Encuadernación de lujo, edición limitada. En cambio, usted parece venir de imprenta de barrio, además de ser una edición antigua…”. Me generó una risa a carcajadas y agregué: “tal vez usted no sabe cuántas cosas he aprendido en estos años, pero si me lo permite, le podría mostrar…”.

 Había sido suficiente por ese día. Se despidió cortésmente, dejando caer un papel. Lo recogí de inmediato y vi que se trataba de su registro bibliográfico. Con ese dato podría encontrarla sin dificultad. Definitivamente le había caído en gracia y deseaba leerme un poco más…

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Cuando elegir lo menos peor deja de ser una opción

Por Luis Eduardo Vivero.

Durante las últimas semanas he estado escribiendo bastante, “soltando la pluma” y exponiendo temas que durante muchos años no fui capaz de enfrentar. Pues bien, ahora que prácticamente soy otra persona, me encuentro con que mi ocupación actual me dejó de ser útil y estoy en una etapa de generación de mi próximo trabajo. En realidad es algo que ya estoy haciendo, solo tengo que crear la forma a través de la cual pueda vivir de esto.

Antes solía buscar ofertas de trabajo – en bolsas de ese tipo – casi todas las semanas. Constantemente he querido mejorar mi calidad de vida, no para tener más cosas precisamente, sino para vivir mejor. Justo ayer estaba viendo cómo estaba el mercado laboral para el perfil de un amigo. Rápidamente tuve la certeza que ya no me quiero continuar desempeñando en ingeniería informática, con la excepción de proyectos con impacto social y dejando la puerta abierta para proyectos personales. Entonces comencé a buscar ofertas para escritores. Para mi sorpresa, encontré uno que decía: “se necesita escritor bilingüe que guste de viajar”. Me pareció fantástico y aunque el aviso era antiguo, escribí por si a caso, total no perdería más que unos bits en último caso. Luego de googlear por algunos minutos, fui a dar a una bolsa de trabajos temporales y por proyectos. Pude comprobar que efectivamente existía una demanda de escritores y blogueros, pero con horror advertí dos cosas:

  1. Una buena parte de los anuncios ofrecían muy poco dinero, entre USD 1 a USD 4 por artículos de entre 400 a 1000 palabras, lo cual me causó una sensación entre espanto y risa nerviosa. Pensé que armando computadores o vendiendo pan podría ganar más que eso.

  2. Aún se pondría peor: varias personas ponían como requisito que el autor cediera sus derechos sobre el material.

Incluso había uno que manifestaba tener material y un conjunto de ideas excelentes para escribir un ebook de vida saludable. Según él, el presupuesto era a convenir, pero pedía que su nombre apareciera en la portada del libro y que el nombre de autor podría ir en la segunda o tercera página si éste lo solicitaba. Me dio mucha rabia y postulando a la oferta, ya que esa fue la única forma de contactarlo, le dije que lo que pedía me parecía antiético y que mejor considerara tomar un taller de literatura para que lo escribiera él mismo. Y es que me parece el colmo de la frescura el adueñarse de los derechos del autor. No es algo que se deba ceder, comprar ni estar a la venta, la obra es intrínseca al autor, aún si el tema y las ideas provienen de un tercero. En otra oferta, buscaban a alguien que escribiera cuentos cortos de ciencia ficción. Creí que ese era un trabajo perfecto para mi, ya que he escrito algunos cuentos de ese tipo. La sensación me duró hasta que vi cuánto dinero ofrecían y que pedían ceder los derechos. Estaba furioso y me sentía observador de un hecho injusto y deshonesto. A ellos también les escribí, diciéndoles algo similar a los anteriores, que lo que requerían era antiético y que ojalá pudieran mejorar la forma en la cual se relacionan con los escritores, ya que para aceptar esas condiciones hay que estar en condiciones muy vulnerables (y ese tipo de aprovechamiento es horrendo).

Me sirvió para tomar conciencia en cuanto a lo que quiero lograr y de la forma en que deseo hacerlo. Pero si de algo estoy seguro, es que no voy a cambiar mi trabajo por bolitas de dulces y menos aún renunciar a mis sueños. El respeto y la valoración del trabajo propio comienza por uno mismo. Una querida amiga me decía que así es la vida del artista. Por mi parte me niego a validar y soportar un sistema así de injusto, así es que agárrense, que voy por todo.

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Soy extranjero

Cuando pienso en qué porcentaje de la población mundial es inmigrante, me imagino un número grande, de 2 cifras. Eso pasa mucho en Costa Rica, tierra de paso, pero sobre todo de gente que viene desde el país del norte. Los hay de todo, personas responsables con el medio ambiente, que dejan cruzar a los peatones cuando uno pasa, y también quienes vienen a gastar sus dólares en drogas y prostitución.

Pero siempre uno encuentra una mano amiga que se extiende sin interés, de eso puedo dar fe yo mismo. En cada lugar al que he ido, siempre alguien ha estado dispuesto/a a ayudarme, a darme un abrazo, a aconsejarme y a ayudarme, con amor y paciencia.

Esto de llevar tus recuerdos por diferentes partes tiene al menos dos caras. Todo lo que aprendes, como vas pintando la cultura que heredaste con lo que vas absorviendo. Como se abre tu mente a ideas nuevas, a otros climas, otros colores y niveles de luz. Por otro lado, la nostalgia a veces puede tornarse en una pesada maleta, difícil de llevar. Y ahí, en ese momento, hay que dejar de comparar y comenzar a disfrutar de lo bueno que tienes, de las experiencias que has vivido y de cómo te has desarrollado desde que partiste.

No importa cuán lejos estés de tu madre y tu padre, siempre los amarás. No importa cuántos países hayan entre ti, tu familia y tus amigos. El amor prevalece ante la distancia y el tiempo.

Soy extranjero, soy inmigrante, llevo una mochila con mis recuerdos a donde quiera que voy.

Les dejo un tema de Yaco, artista y creador costarricense que habla al respecto (solo audio), a mi me gusta mucho.