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Poema infantil: Preguntas complejas de niños simples

Queremos la paz en el mundo – dibujo de Ana Sofía, Venezuela

Por Luis Eduardo Vivero.

Mamá, ¿por qué papá no ha vuelto?

¿Y qué son esas explosiones?

Dijeron que del trabajo lo habían devuelto.

Hay gente con municiones,

¿cuáles serán sus intenciones?

Preguntaba Bahira en oriente

luego de días,

de noches,

de semanas,

de meses

desde que se escuchó la primera explosión

durante la llegada de los aviones

cuando se agravó la situación

entonces Bahira se preguntó:

¿será que los adultos no cantan canciones?

Papá, ¿por qué mamá está perdida?

¿Y qué son esos silbidos?

Dijeron que de la escuela la habían devuelto.

En la noche escucho chillidos,

lamentos, que para alguien son un tormento.

Preguntaba José en occidente

luego de días,

de noches,

de semanas,

de meses

desde que se tuvo que esconder en la selva

en donde el peligro menor era una serpiente.

Ya vuelvo, hijo, mantente bajo la hierba

mientras consigo comida de forma urgente.

¿Bahira es de José acaso muy diferente?

porque sin paz nadie puede ser indiferente.

Sin importar el color,

ni lo que tengas

ni lo que debas

todos necesitamos amor.

A veces lo sucedido causa dolor

¿cómo podremos recuperar el corazón?

¿Será que los adultos perdieron la razón?

Yo soy solo un niño

que quiere jugar

que mi mamá me haga cariño

y con mi papá bailar.

Escritor de literatura infantil y de cuentos para niños grandes. Emprendedor, meditador e Ingeniero electrónico. Viajero cósmico y enamorado de la vida.
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Poema infantil: Espérame que ya voy

Poema dedicado a los bebés que vienen en camino y a sus mamás

Por Luis Eduardo Vivero.

— dedicado a mi mamá.

Ya voy, mami, espérame otro poco.
Aquí está tibiecito, como el agua de coco.
Aguanta las patadas que doy en tu panza,
¡quiero salir, la paciencia no me alcanza!

Seré muy feliz porque que me vas a amar
como nunca lo has hecho,
también a abrazar y a cuidar,
y a tu lado tendré un techo.

Jugaremos toda la mañana y entonces verás
que no hay locura más grande que ser mamá.
Porque es un amor sin límites,
sin horario,
sin contrato,
sin vacaciones,
y con muchas satisfacciones.

(La mayor parte de las veces y al largo plazo,
pero eso no lo sabrás sino años después
de haberme tenido en tu regazo)

Entonces yo sabré
cómo es que alguien te cuide,
te proteja y te abrigue,
sin importad la edad,
ni el clima,
ni el sexo,
ni el dinero,
ni la educación.
Porque en esta ecuación
lo más importante es el amor.

Escritor de literatura infantil y de cuentos para niños grandes. Emprendedor, meditador e Ingeniero electrónico. Viajero cósmico y enamorado de la vida.
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I Festival del Libro Infantil y Juvenil de la BNP

Programa del I Festival del Libro Infantil y Juvenil de la BNP

¡Buenas noticias! La Biblioteca Nacional del Perú organizó el I Festival del Libro Infantil y Juvenil, el cual comienza hoy con un par de presentaciones de libros infantiles, un concierto interactivo y una exposición de álbumes ilustrados.

Algo muy bueno es que estaré el miércoles 5 de abril en el festival contando mis propios cuentos, incluyendo La jirafa Margarita cumple su sueño, La elefanta Fantabulástica, Condorcín aprende a volar y El mono Pochito y el desafío de la liana, entre otros. Contaré con el apoyo de la talentosa Mariana Gonzales Carrión, quien me acompañará con su ukelele mágico, sonidos y técnicas clown, y con quien realizaremos una actividad de narración oral con títeres y escénica similar a lo que hacemos en el Club de Lectura Infantil Preguntines.

La presentación se llama Cuentos a la carta y estaremos compartiendo escenario con el talentoso y genial Ricardo Pflucker. Es una actividad gratuita de la BNP, ¡aprovecha!

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Cuentos infantiles: Dos princesas pedurras

Por Luis Eduardo Vivero.

Basado en una historia real. Cualquier coincidencia es a propósito.

Érase un reino muy lejano en el tiempo y en el cosmos. Una princesa iba caminando por la izquierda; lucía un peinado muy sofisticado al estilo de Cristóbal Colón, un superhéroe venido a menos del planeta Tierra. Era delgada y muy quisquillosa, por lo cual no solía tener muchos amigos.

A su vez, otra princesa iba caminando por la derecha; tenía una cabellera larguísima, la cual le daba chasquidos en su cintura, como si portara cascabeles en el cinturón. También tenía un genio de los mil demonios, aunque cuando quería era todo un amor.

De pronto y sin quererlo, sus caminos se cruzaron; de inmediato los diplomáticos se mostraron los diplomas de honor que daban fe de la nobleza de cada una de ellas.

Debido a que no era común encontrarse con una de su clase, decidieron darse una oportunidad para conocerse, de modo que tomaron el té a la sombra de un sauce llorón. Todo iba de maravilla, aunque de vez en cuando se peleaban casi hasta despellejarse. Afortunadamente a la mañana siguiente se levantaban como si nada hubiera pasado, por lo cual la amistad iba viento en popa.

Cierto día quedaron de acuerdo para hacer una piyamada esa misma noche. Los respectivos séquitos se esforzaron en elegirles los mejores piyamas del planeta, de tal forma que el evento fuera recordado por generaciones.

Esa noche tuvieron fuegos artificiales sin sonido, para no molestar al resto de los animales de la región. También tomaron leche de almendra con cacao, canela, clavo de olor y dulce de caña, una bebida que se le atribuía a los dioses.

Como comprenderán, ya estaban aburridas de hacer gala de sus joyas y de hablar trivialidades, por lo cual resolvieron hacer algo divertido e innovador: un campeonato de pedos. Primero una, luego la otra con mayor potencia. Entonces la primera con efectos especiales y la segunda con efectos espaciales. Por los ventanales de la torre se escuchaban risas, arcadas y llanto de tanto que lo estaban disfrutando.

No se sabe quién de las dos ganó la competencia de pedos, ya que los criados tuvieron que abandonar el lugar debido a que no habían suficientes máscaras antigases para todos. De lo que sí se habló por generaciones fue de la noche inolvidable que pasaron estas dos amigas, una vez que se liberaron de todo prejuicio, etiqueta y sobre todo de los gases.

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Cuentos infantiles: Lucy la luciérnaga

Lucy la luciérnaga – ilustración de Silvia Sugasti

Por Luis Eduardo Vivero

Dedicado a todo quien con sus actos se dedica a iluminar el camino de otras personas.

Cuando Lucy apareció en el planeta todos la miraron extrañados, no solo porque tenia todos los colores del mundo, sino porque era la primera luciérnaga que volaba en la Tierra. Tenía que tener todos los colores porque de ella saldrían todas las otras especies, por eso ella era especial.

Lucy iba volando maravillada, conociendo una y otra cosa, ya que todo era nuevo para ella, cuando de pronto una hormiga dijo:

– Mira pero qué colérica es ese bicho, todo pintado. Y anda por el mundo sin hacer nada, no como nosotras que somos tan trabajadoras…

Y una mariquita agregó:

– Y qué mal gusto para elegir los colores de su vestimenta, no como nosotras, que somos rojas con puntitos negros.

Y una abeja agregó:

– Se anda exhibiendo sola por el mundo, ¡seguro que anda buscando marido, cuidado chicas!

Lucy las saludó muy animadamente con un:

– ¡Buenos días señoritas, que tengan una linda jornada!

Durante el día Lucy tenía mucho sueño debido a que le gustaba volar de noche. Así es que cierta mañana iba volando con unas ojeras tremendas cuando de pronto la hormiga dijo:

– Qué espanto ese bicho que no hace nada, ¡deberían ponerla a trabajar! No como nosotras, que estamos juntando comida para el invierno.

Y la mariquita agregó:

– Quizás no le dieron ninguna habilidad y es por eso que no hace nada. No como nosotras, que controlamos las plagas de pulgones…

Y la abeja agregó:

– Eso sería muy cruel, una especie que no sirve para nada. No como nosotras, que somos las encargadas de llevar a cabo la polinización, y con ello hacemos que la vida sea posible…

En esta oportunidad Lucy escuchó los chismes de la hormiga, de la mariquita, y de la abeja, y se sintió muy triste. Ella se sentía diferente al resto y se le hacía difícil integrarse, así es que continuó volando cabizbaja y desanimada.

Cierta noche muy oscura se escuchó a lo lejos un sonido de alguien que evidentemente estaba pidiendo auxilio:

– Meee, meee, meee, ¡mamáaa!

Todos los animales, aves, insectos, árboles y plantas se callaron y prestaron oído:

– Meee, meee, meee, ¡mamáaa, ayúdame!

Entonces todos supieron que se trataba de un chivito que había subido a un peñasco sin el permiso de su mamá, y que ahora no sabía como bajar sin hacerse daño.

Corrieron a avisarle a la mamá y esta llegó al pie del peñasco. Sin poder ver lo suficiente para subir, comenzó a gritar:

– Hijito, ¿dónde estás? ¡No veo nada!

– Meee, meee, no sé mami, yo tampoco veo nada, ¡tengo mucho miedo, meee, meee! – respondió el corderito.

– ¡Sujétate hijito, ya en la mañana podrás bajar!

– ¡Mami, ya casi no puedo, estoy perdiendo la estabilidad! – contestó el hijo.

Cuando el chivito estaba a punto de desbarrancarse, ¡adivinen quién apareció! Sí, era Lucy, alumbrando el camino con la luz que emitía. Y no iba sola, ni con diez, veinte ni cincuenta, ¡sino que con cientos de amigos y amigas! Todas volaron rápidamente en formación de rescate hacia el peñasco. Gracias a la luz de las luciérnagas, el chivito pudo ver por donde bajar y llegó al lado de su mamá. Se escuchó un suspiro de alivio: ‘ohhh’.

Entonces la hormiga dijo:

– Vaya, qué útil es la habilidad que tiene Lucy. ¡Se la tenía guardada esta bandida!

Y la mariquita agregó:

– Yo siempre supe que Lucy debía tener escondido un as bajo la manga. ¿Vieron qué lindos colores tiene?

Y la abeja comentó:

– ¡Qué linda eres, Lucy! Hoy he aprendido que cuando está más oscuro, hay mayores oportunidades de ayudar a los demás.

Y de esa forma Lucy continuó alegrando la vida de muchos seres y pintando sus días con sus colores maravillosos.

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Cuentos infantiles: Ida y vuelta

Dibujo de Amira Vivero Sugasti, 8 años.

Por Luis Eduardo Vivero.

Cierta tarde Daniel iba llegando a dar una clase luego de un viaje acalorado y oloroso en un bus atestado de gente. Entonces sacó una pastilla de menta y se la echó a la boca. Como ya habían varios niños en la sala, les ofreció una a cada uno y todos aceptaron, inclusive Martina, una niña que se veía muy seria y tímida.

– Qué bueno que te gustó la pastilla de menta, Martina, porque se me había caído al suelo – dijo Daniel.

Martina abrió los ojos tanto como pudo y quedó con una expresión de suspenso.

– La buena noticia es que estaba chupada y quedó limpiecita – agregó Daniel.

Martina se rió nerviosamente y consideró botar la pastilla, pero no lo hizo. Solo dijo algo muy breve: ¿qué?

– Bueno, en realidad no la chupé yo, lo hizo Bobi, un perro que vive en el mercado. Lo único malo es que justo antes de eso estuvo comiendo pescado. Pero no te preocupes porque tiene todas las vacunas al día e incluso está desparasitado.

– ¡Qué asco, profesor! ¿Si había que el perro la había chupado para qué me la dio? – preguntó la niña muy molesta.

Cuando Martina estaba a punto de sacarse la pastilla de la boca, Daniel dijo:

– Nah, no te preocupes, ¡es solo una broma!

Entonces todos los niños se echaron a reír y Martina continuó dándole vueltas en la boca a la pastilla de menta.

Daniel estaba transpirando como loco y pensó en voz alta lo siguiente:

– Ojalá tuviera una botella de agua para refrescarme. ¡Ya no aguanto este calor infernal!

– Aquí tengo una, profesor, le convido si quiere – ofreció Martina muy amablemente.

– ¡Muchas gracias Martina! – dijo entusiasmado el profesor.

Entonces Daniel tomó un largo sorbo de agua, luego se echó un poco en la cara, cabeza y brazos, demostrando un agrado y frescura enormes. Eso hasta que Martina dijo lo siguiente:

– Qué bueno que le haya gustado profesor, porque mi hermano menor le echó saliva a la botella…

– ¿Qué? – preguntó Daniel con preocupación.

Esta vez fue Daniel quien abrió los ojos tanto como pudo.

– Bueno, en realidad no fue tan así. Lo que sucede es que sin darme cuenta, mi hermanito estaba haciendo gárgaras con el agua y devolviéndola a la botella. El problema es que había comido flan de vainilla y por eso es que el agua está un poco amarilla. Pero no se preocupe, que mi hermano tiene todas las vacunas al día… – explicó Martina con una sonrisa que apenas se percibía.

– Pero Martina, si sabías todo eso, ¿por qué me ofreciste el agua? Ah, seguramente lo hiciste por venganza – acotó Daniel, quien se limpiaba la boca con la manga y miraba con asco sus brazos, hasta que Martina agregó algo inquietante…

– Profesor, no le dije porque en realidad no es agua, sino una muestra de pis de mi abuelo. Pero él está muy bien de salud justamente porque bebe su pis. A eso se le llama orinoterapia.

– ¡Pero qué asco es esto, Martina! Te acusaré con tus papás cuando vengan a buscarte – dijo Daniel muy molesto.

Entonces Martina aclaró la situación:

– No se moleste profesor, ¡es solo una broma!

La sonrisa finalmente volvió al rostro de Daniel y todos se destornillaron de la risa. Luego de eso pudieron comenzar la clase.

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Poema infantil: La gata Chuchi

Gatita durmiendo

Gatita durmiendo

La gata Chuchi

Escrito por Luis Eduardo Vivero.

La gata Chuchi es una haragana,
no quiere despertarse esta mañana.
Tendrá que tomar un café cargado,
se levantó con el pelo todo enredado.

Miauuu, maúlla Chuchi la gata,
de la cama sacó solo una pata.
Tendrán que sacarla con abogado,
ahora duerme del otro costado.

Y para peor, dice que tiene un calambre,
como si fuera poco, está con hambre.
Pidió un postre de leche con maicena,
sin duda está gorda como una ballena.

Pese a todo eso, Chuchi es un amor,
hazle cariño nomás, no tengas temor.
Aunque trata de mejorar su temperamento,
dan ganas de encontrar otro alojamiento.

Escritor de literatura infantil y de cuentos para niños grandes. Emprendedor, meditador e Ingeniero electrónico. Viajero cósmico y enamorado de la vida.
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Poema infantil: Zoila la vaca

zoila-la-vaca

Zoila la vaca

Escrito por Luis Eduardo Vivero.

La vaca Zoila es tremenda,
suele pasearse por la hacienda.
Le encanta pastar y rumiar,
y es una experta en bailar.

¡Zoila la vaca! La suelen llamar,
leche tu becerro quiere tomar.
Cocina unas tortillas de pasto,
todos quieren, ¡no da abasto!

Soy la vaca Zoila, se presenta,
ya casi viene la tormenta.
Será mejor que entremos,
de lo contrario nos resfriaremos.

Zoila la vaca soy, dice contenta,
mientras su sopa de col calienta.
Mañana iremos al río a bañarnos,
chicas, ¡tendremos que depilarnos!

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