Flirteo literario

La conocí en una librería. Me acerqué y le dije: “te ves tan gramatical que podría escribir un cuento en tu espalda…”. Al parecer no le gustó mucho, ya que respondió: “ah, eso debe ser poesía del campo, directa y con la gracia de un puerco…”. No me dejé amedrentar y arremetí con pasión: “señorita, se nota que maneja muy bien el lenguaje, pero de todas formas me gustaría pasarle el corrector ortográfico, por si las moscas…”. En seguida espetó: “¡Por Gutenberg, qué atrevimiento es éste! Para que sepa, soy lo más selecto que hay. Encuadernación de lujo, edición limitada. En cambio, usted parece venir de imprenta de barrio, además de ser una edición antigua…”. Me generó una risa a carcajadas y agregué: “tal vez usted no sabe cuántas cosas he aprendido en estos años, pero si me lo permite, le podría mostrar…”.

 Había sido suficiente por ese día. Se despidió cortésmente, dejando caer un papel. Lo recogí de inmediato y vi que se trataba de su registro bibliográfico. Con ese dato podría encontrarla sin dificultad. Definitivamente le había caído en gracia y deseaba leerme un poco más…

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