El agua que revivió

Por Luis Eduardo Vivero, Costa Rica, 2012.

Nota: esta es una historia real.

Estaba viendo un documental que hablaba de los secretos del agua, de lo que se nos ha escondido por mucho tiempo: que el agua está viva, que tiene memoria, que adapta su estructura al ambiente en el cual está, que es susceptible a la energía que recibe y finalmente que tiene la capacidad de comunicarse a corta y a grandes distancias.

Hace poco más de una semana el agua de la cañería (caño) comenzó a salir mala. Fue fácil darse cuenta de eso ya que estaba verde. Para la tarde se había puesto café, entonces comenzamos a beber agua de botella. Al otro día el agua ya no se veía con residuos, pero definitivamente no era la misma. Tenía un mal olor y mi cuerpo se resistía a tomarla, parecía contaminada, de tal forma que detuvimos nuestro consumo de agua del grifo hasta nuevo aviso.

En el documental contaban varias historias de la vida real, antiguas y recientes, que hacían referencia a como el agua podía cambiar para bien de las personas. El agua reacciona a los sentimientos y vibraciones que se le envían. El agua puede estar “muerta” (sin estructura, o con una estructura anti-armónica que va en contra de todo lo que se encuentra en la naturaleza en su estado natural) si ha recibido negatividad de las personas. Esto es muy fácil encontrar en el agua que recorre las cañerías de las ciudades, ya que se empapa de todos los males emocionales, físicos y espirituales a medida que recorre grandes distancias en forma antinatural. En la naturaleza todo es perfecto, incluso las curvas de los cauces de los ríos, que tratan al agua con delicadeza y consideración, a diferencia de los codos en 90 grados de las cañerías. Tampoco hay gente discutiendo encima del agua de los ríos, por el contrario, esta circula libre y llena de vida.

Era de noche y se nos había acabado el agua de la botella de 20 litros. Yo estaba agotado y consideraba que no era seguro ni inteligente conducir en ese estado de cansancio. Entonces llamé a Silvi e hicimos una prueba con 2 vasos de agua: uno de ellos tenía agua limpia, el último poco que quedaba, mientras el otro tenía agua contaminada del caño. La prueba consistía en que el organismo de Silvi debía determinar cuál de los 2 vasos contenía agua que le hacía bien. Entonces, Silvi tomó de a uno los vasos y realizamos el test con la otra mano: su organismo reaccionó diciendo que el agua que estaba en el vaso con agua limpia le hacía bien y que el otro no. Tan simple como eso, sabiduría divina que reside en nosotros. Silvi estaba maravillada con eso ya que es incrédula y quería repetir el experimento. Quiéralo uno o no, esté de acuerdo o no, llega un momento en que la verdad se impone sobre todo y no queda más que aceptarla. Luego tomé una jarra y la llené con agua del caño. Le propuse a Silvi que por un par de minutos le mandáramos pensamientos positivos al agua. Que le íbamos a enviar amor y agradecimiento por darnos vida, por alimentarnos, por sanarnos. Que solo tenían que ser pensamientos positivos. Ella aceptó. Cerramos los ojos y proyectamos energía positiva sobre el agua que estaba en la jarra. La dejé sobre el desayunador para que la ceremonia hiciera su trabajo.

Desperté con el llamado de Amira pidiendo su leche, algo que no dejamos pasar por alto aunque tengamos sueño. Lo primero que se me vino a la mente era que tenía que ir a comprar agua, pero a los pocos instantes me acordé de la jarra. Entonces, presintiendo que iba a estar buena me dirigí a la cocina. Recordé que la fe mueve montañas y tenía la certeza que el experimento había sido exitoso. Cuando entré en contacto visual con el agua, ésta se veía diferente. Tenía pequeñas burbujas, pero algo había cambiado en ella, no sabría explicarlo con palabras. Hice un test con una manzana roja con el fin de hacer una “calibración”. Naturalmente mi cuerpo reaccionó positivamente ante la manzana. Luego repetí la prueba con el agua de la jarra y mi cuerpo dijo que estaba bien. Entonces probé un poco y esta vez sabía bien a diferencia del día anterior. Me sonreí como un niño, estaba maravillado y feliz al saber que tenemos la capacidad de hacer reaccionar el agua. Y aún más, habiendo comprobado que el agua está viva.

Al rato repetimos la prueba con Silvi. Ella estaba muy sorprendida, ya que era la primera vez que le sucedía algo de esa naturaleza (y que no podía refutar). Probó el agua de la jarra y estaba buena. También probó el agua del caño y sabía mal. Para mi fue hermoso saber que al final de todo lo único que importa es el amor. Todo lo demás es ilusión.

Considerando que todo lo que tiene vida en este planeta está compuesto mayormente por agua, imaginen los profundos cambios que podemos realizar en este mundo si tan solo nos concentramos en proyectar amor y gratitud.

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2 thoughts on “El agua que revivió

  1. Ummmm pues vaya… La historia me gusto, me tuvo intrigada todo el rato, pero yo soy muy incrédula, yo creo que nosotros por mucho que deseos no podemos cambiar nada… Otra goda es que la mente humana quieta ver eso… Muackkk

    • Jejeje, el día en que haya una masa crítica creyendo que puede cambiar esta realidad para el beneficio de la mayoría, entonces sucederá 🙂 ¡Abrazos Marta!

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