Sin derecho a una segunda oportunidad – serie de microrrelatos

Esa mañana despertamos temprano en su apartamento de estudiante universitaria. Ella no sabía cocinar, sin embargo, amablemente me ofreció preparar una sopa de sobre, la cual desafortunadamente rechacé. Yo estaba pensando en las complicaciones religiosas del asunto, cuando de improviso le dije: “sabes, es mejor que no me quieras”. Ella, haciendo uso de su calma infinita, respondió “qué decepción, eres igual a todos”, mientras le daba un mordisco a su manzana.

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